En este país, al menos por lo que recuerdo, distintos gobiernos incurrieron en "travesuras" estivales para echar mano de los recursos necesarios a sus fines: esto es, tapar agujeros. Es que en el verano "está todo bien" y "lo que pasó, pasó", como anuncia el jingle de una tradicional marca de cerveza, pero la impronta que se está desarrollando en torno al pedido de renuncia del titular del Banco Central de la República Argentina, por parte de la Presidenta, toma ribetes un tanto conocidos aunque inéditos.
El futuro de Martín Redrado, quien se ha manifestado contrario a transferir las reservas que el Gobierno pretende ingresar al Tesoro, mediante el decreto de necesidad y urgencia dictado con el rimbombante título de Fondo del Bicentenario, para garantizar el pago de la deuda pública en este año, es bastante incierto aún cuando cuenta con el apoyo político de gran parte de la oposición en las cámaras legislativas y en distintos sectores privados. Se sabe, por demás, que en definitiva esos fondos solo contribuirán al ajuste de las cuentas públicas en detrimento del bolsillo de los argentinos, una vieja costumbre que creíamos archivada, corriendo además el riesgo de que sean atrapados por un embargo preventivo.
Mientras tanto se suceden los rumores bajo la amenaza del Gobierno en recurrir a la Justicia si el Presidente del Banco Central continúa en el cargo, mandato para el que fuera designado hasta el mes de setiembre de este año. Si bien la naturaleza de la institución es netamente autárquica, el Jefe de Gabinete, el nunca bien ponderado Aníbal Fernández, ya manifestó que Redrado "está entrando en un brete y no debiera hacerlo", y agregó que debiera cumplir lo solicitado porque "está incurriendo en incumplimiento de los deberes de funcionario público". En suma instancia, al pobre Redrado lo responsabilizan de trabar la instrumentación del decreto y poner en riesgo la política económica, si es que Ud. cree que este Gobierno tiene algún plan en materia económica, claro.
No es poco lo que está sucediendo cuando al Gobierno parece salirle todo mal, precisamente porque el decreto que fundamenta la transferencia de los fondos fue impugnado en el Congreso y en la Corte Suprema, ante una demanda por inconstitucionalidad de la provincia de San Luis. Por lo tanto cabe suponer que unos y otros se animen aún más a la confrontación mientras las acciones caen el mercado y el dólar sube recreando fantasmas del pasado. La conferencia de prensa ofrecida por el Ministro de Economía, Amado Boudou, tampoco presta demasiada tranquilidad si recordamos el paso de su gestión previa, quizás bajo la figura de la "obediencia debida", cuando los fondos de jubilación privada fueron desmantelados y pasaron a manos del Estado para disponer libremente de ellos en todo cuanto se le antoje.
Todo muy lindo, todo muy bien, estamos en verano. Los que vacacionan quizás sacudan los cajeros automáticos para traducir sus pesos en dólares y los que aún estamos en Buenos Aires contribuiremos a formular más y más rumores que sí, efectivamente, incidan en los mercados. Una cosa es cierta, el Gobierno ha perdido apoyo en distintos sectores, cuanto más los menos favorecidos, y le espera un año difícil en el ámbito del Congreso Nacional, ya sin el concenso mayoritario, aunque pretenda dirigir los destinos del país a puro decreto y veto. Una eventual situación a la que ya se adelantó el Senador Luis Juez: "[Cristina Kirchner] no se puede levantar un día, porque se equivocó de pantufla, y cambiar al presidente del Banco Central", agregando: "La Presidenta tiene que ganar en calma. Que se compre un buen bronceador y se calme", ironizó el cordobés.
La cosa no da para más que reir, pero estamos tan acostumbrados al histrionismo y a tanto disparate, que bien podemos afirmar, parafraseando a Aníbal, que los argentinos -desde el gobierno para abajo- ya no tenemos "los patitos en fila".